A collector's reference cataloging historical typewriter brands and models from around the world.
About the Collection
Typewriter House Collector is an informational archive dedicated to vintage and antique typewriters. The collection spans numerous international manufacturers, from well-known names like Adler, Corona, and Hermes to rare and obscure brands that shaped the history of mechanical writing.
Browse the alphabetical brand index to explore individual manufacturers and their models. Each entry documents a piece of typewriter heritage, reflecting the craftsmanship and industrial design of its era.
Typewriter Brands Index
An alphabetical directory of manufacturers represented in the archive. Select a brand to learn more.
- Adler
- American
- Anderson Shorthand
- Andina
- Automatic
- Bambino
- Bar-Let
- Bar-Lock
- Belka
- Bennett
- Bijou
- Bing
- Blickensderfer
- Blinden
- Blista
- Brooks
- Burroughs
- Caligraph
- Carmen
- Carissima
- Champion
- Chicago
- Columbia Bar-Lock
- Columbia Index
- Comercial Visible
- Continental
- Corona
- Correspondent
- Courier
- Crandall
- Crown
- Daugherty
- Dart
- Demountable
- Densmore
- Dial
- Diamant
- Discret
- Draper
- Edelman
- Edison Mimeograph
- Edland
- Ecole Pigier
- Elliot-Fischer
- Emerson
- Empire
- Erika
- Exact
- Fitch British
- Ford
- Fox
- Franklin
- Frister & Rossman
- Geniatus
- Graphic
- Granville Automatic
- Gritzner
- Groma
- Gundka
- Hall
- Hall Braille
- Hammond
- Hammonia
- Hartford
- Heady
- Helios
- Hermes
- Hogar
- Iberia
- Ideal
- Imperial
- Ingersoll
- International
- Jackson
- Januy Braille Writer
- Japy
- Jewett
- Junior
- Junior Toy
- Kanzler
- Karli
- Kappel
- Kee-Lox Electric
- Keaton
- Keystone
- Klein-Adler
- Lambert
- L.C. Smith
- Leframa
- Liliput
- Lord Baltimore
- Macy's
- Malling Hansen Skrivekugle
- Malling Hansen Replica Map
- Manhattan
- Matrix
- Mercedes
- Merrit
- Merz
- Mentor
- Meteor
- Mignon
- Molle
- Monica
- Monopol-Stolzenberg
- Monpti
- Morris
- Moya
- Visible
- Muson
- National 1889
- National
- Nema
- New America
Las máquinas de escribir preferidas por los poetas del 27
La Generación del 27 reúne a un puñado de autores que transformaron la poesía española durante el segundo tercio del siglo XX. Nombres como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o Vicente Aleixandre compartieron aulas, amistades y, en muchos casos, también la misma oficina o el mismo escritorio metálico donde tecleaban sus primeros versos. Aquellas mesas estaban pobladas por máquinas de escribir de marcas y modelos muy concretos, que se han convertido con el paso de las décadas en piezas casi tan míticas como los propios poemarios que ayudaron a crear.
Conocer qué máquinas manejaban estos escritores sirve para entender sus ritmos de trabajo, sus métodos de corrección, la relación que mantenían con sus editores y, sin olvidar, las decisiones tipográficas que marcaron la presentación de muchos de sus libros. A continuación se repasarán los modelos que con mayor probabilidad pasaron por sus manos, las marcas alemanas y norteamericanas que dominaban el mercado español de la época y los lugares donde todavía es posible encontrar hoy ejemplares similares a los que ellos usaron.
El escritorio compartido: máquinas en la vida cotidiana del 27
En la España de los años veinte y treinta la máquina de escribir había dejado de ser un objeto de lujo para convertirse en una herramienta profesional presente en redacciones, despachos, notarías y, por supuesto, en los pisos de los escritores jóvenes. Los poetas del 27 crecieron en ese ambiente y la incorporaron a su rutina con naturalidad, a diferencia de generaciones anteriores que aún confiaban la copia de sus textos a la pluma y al escritorio de un amanuense.
La correspondencia entre los miembros del grupo —algunas de cuyas cartas se conservan en archivos y hemerotecas— demuestra que el ritmo de mecanografía era ya un tema de conversación. Se quejaban de teclas atascadas, de cintas gastadas, de tipos de letra que no casaban con la caligrafía original. Esa relación física y algo ruidosa con la máquina dejó huella en su obra: los textos mecanografiados, con sus márgenes irregulares y sus correcciones a máquina o a mano, forman parte de su identidad documental.
Remington, la presencia dominante en los talleres literarios
Si una marca dominó los escritorios españoles del primer tercio del siglo XX, esa fue Remington. Sus máquinas robustas, con carro largo y teclado completo, eran habituales en despachos oficiales y también en las habitaciones donde Lorca, Salinas o Alberti escribían sus primeros libros. La Remington 12, la portátil con carcasa de madera o la clásica Noiseless figuran entre los modelos con más probabilidades de haber sido empleados por estos autores.
Para los aficionados actuales, identificar un ejemplar concreto de la época requiere revisar los números de serie grabados en el bastidor. Una guía detallada sobre Cómo leer y usar una tabla de números de serie de Remington permite fechar con bastante precisión cada máquina y situarla en un contexto histórico cercano al período en el que trabajaron los poetas del 27. Esta clase de recurso resulta clave cuando se pretende fechar un manuscrito o simplemente reconstruir la biografía material de un escritor.
Torpedo, la marca alemana más presente en los hogares españoles
Frente a la hegemonía norteamericana, las marcas alemanas tenían un público fiel en España, y entre ellas Torpedo ocupaba un lugar muy especial. Fabricada originalmente por la misma empresa que producía piezas de armamento, esta marca logró una reputación de solidez mecánica y de elegancia discreta que la hizo muy popular en oficinas y despachos domésticos desde finales del siglo XIX. Varios testimonios orales y fotografías de época la sitúan en las mesas de trabajo de autores de los años veinte y treinta.
La historia de la marca, que entrelazó la industria metalúrgica con la de la escritura, se recoge en un estudio específico dedicado a la historia de la marca Torpedo, fabricantes de armas y de escritura, donde se explica cómo los mismos talleres que producían componentes de precisión militar aplicaron esa tecnología a las máquinas de escribir. Esa procedencia explica la robustez de los modelos Torpedo 6, Torpedo 7 o de la curiosa Torpedo de escritorio con carro corto, opciones muy probables en los escritorios de los poetas del 27.
Las portátiles Olympia y la libertad de escribir fuera de casa
El exilio posterior a la guerra civil obligó a muchos miembros de la Generación del 27 a continuar escribiendo lejos de sus mesas habituales. Cernuda, Alberti, Prados o Altolaguirre recorrieron Europa y América con maletines que contenían máquinas portátiles ligeras, capaces de soportar los viajes en tren y los alojamientos provisionales. Olympia, con sus modelos Standard y Portable, fue una de las marcas favoritas para ese trabajo nómada, gracias a su mecanismo compacto y a la calidad de su tipografía.
La Olympia Portable de los años treinta, con su carcasa de baquelita o de metal pulido, permitía a los poetas llevar consigo el mismo ritmo de escritura que tenían en su casa. Su teclado de cuatro filas, idéntico al de las máquinas de escritorio, facilitaba la transición a los nuevos entornos. En las fotografías de Cernuda en México o de Alberti en Argentina se pueden ver máquinas de este estilo, cuidadosamente instaladas sobre mesas modestas de pensión, rodeadas de papeles, libros y ceniceros.
Underwood y Royal: mecanografía para textos largos y ediciones cuidadas
Cuando los poemas tenían que convertirse en libros, la elección de la máquina adquiría otra dimensión. Los poetas que participaban activamente en la edición de sus propias obras, como Gerardo Diego o Pedro Salinas, preferían máquinas de gran tamaño, con carro largo, que permitiesen mecanografiar páginas completas sin tener que cambiar el papel manualmente. En este terreno, las Underwood y las Royal se disputaban la preferencia.
La Underwood No. 5, con su palanca de retorno y su robusto carro, era la máquina por excelencia de oficinas literarias y editoriales. Su acción firme producía caracteres nítidos que facilitaban la lectura de las galeradas y de las pruebas de imprenta. La Royal Quiet De Luxe, ya en los años cuarenta, ofrecía una escritura más silenciosa y una estética cuidada que también sedujo a autores que preparaban ediciones bilingües o poemarios ilustrados, un género muy cultivado por los poetas del 27.
Poetas editores: tipografía, imprenta y máquina en una misma mano
Varios miembros del 27 escribieron y, al mismo tiempo, fundaron o dirigieron talleres e imprentas. Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, por ejemplo, montaron en Málaga la imprenta Sur y, más tarde, en México, ediciones dedicadas a libros de poesía. En esos talleres la máquina de escribir convivía con la prensa tipográfica, y a veces la sustituía: en plena faena, el poeta componía directamente los originales sobre papel con la ayuda de una máquina sólida y fiable.
Esa doble condición de autor y editor hacía imprescindible contar con máquinas que pudieran mantener un ritmo constante durante jornadas enteras. Las Torpedo de escritorio, las Remington de carro largo y, en algunos casos, las alemanas Erika o Continental aseguraban esa continuidad. Los catálogos de aquellas editoriales artesanales —algunos hoy piezas de coleccionista— conservan en sus páginas la huella tipográfica de aquellas máquinas, con sus inevitables correcciones a mano y sus líneas repletas de signos que delataban la herramienta empleada.
Localizar y conservar hoy una máquina de la época del 27
Encontrar en el mercado de antigüedades una máquina de escribir de los años veinte o treinta en buen estado de funcionamiento no es tarea imposible, pero sí requiere paciencia y cierto conocimiento técnico. Mercados de anticuarios, ferias especializadas y subastas por internet son los principales puntos de partida. Resulta útil acudir con una idea clara del modelo y del intervalo de años de fabricación que se busca, y contrastarlo con tablas de números de serie y catálogos antiguos.
Para quienes se inician en este mundo del coleccionismo, una buena forma de practicar la restauración básica y de aprender a distinguir marcas y modelos es recurrir a pequeños talleres y publicaciones especializadas. En portales como Happy Things Maker se pueden encontrar proyectos de conservación, manuales de limpieza y testimonios de coleccionistas que comparten su experiencia con máquinas de la misma época que usaron los poetas del 27. Con el cuidado adecuado, cualquiera de esos viejos equipos puede seguir funcionando otro siglo más.